“En el mundo clásico griego está muy bien definido el papel asignado a la mujer en la sociedad. En la reclusión del hogar debe servir a la familia: obedecer al padre y después al marido, tener hijos y no alborotar. El silencio es el mejor adorno de la mujer, según afirman Tucídides y Sófocles, dos ilustrados portavoces del pensamiento tradicional (…) No son ciudadanas de pleno derecho; la ciudadanía es sólo de los hombres (…) el silencio impuesto a las mujeres debe ser valorado desde la importancia concedida a la palabra en esa sociedad democrática. La sumisión de la mujer al hombre está fundada en la propia naturaleza, afirma Aristótoles en el libro primero de su Política(…)
Hay sin embargo un rasgo muy característico y sorprendente de la cultura griega: la riqueza de personajes femeninos en su imaginario… ¿ por qué tantas y tan nobles figuras femeninas en el mito y en el teatro?…“
El escritor y helenista Carlos García Gual comienza así su libro “Audacias femeninas” donde retrata las vidas de cuatro mujeres audaces que se atrevieron a romper los esquemas sociales de su época a cambio a veces de su propia vida.
Ágora, la película de Alejandro Amenábar, nos retrata la historia de Hipatia de Alejandría, una filósofa, matemática, astrónoma que vivió a finales del siglo IV principios del V d C. Hija y discípula del astrónomo Teón, Hipatia es la primera mujer matemática de la que tenemos un conocimiento razonablemente seguro y detallado.
La película para los que no la hayan visto puede tener críticas encontradas, pero no voy a entrar a valorar si es mejor o peor que otras anteriores de Amenábar o si es totalmente exacta en la adecuación histórica, para mí es una película que se saborea aun más cuando se sale del cine y han pasado unos días; hace una recreación bellísima de los escenarios de Alejandría, con ese mítico Faro al fondo, refleja los fanatismos y convulsiones religiosas que tanto daño han hecho a lo largo de la historia, la ignorancia del masa, el dejarse arrastrar por los demás, pero sobre todo retrata a una mujer que muere por ser mujer, sólo por eso, por pensar siendo mujer, por cuestionarse todo. Esté más o menos allá de la realidad de la verdadera Hipatia, la Hipatia de Alejandro Amenábar nos sirve para enriquecer ese imaginario de mujeres actual, esas heroínas míticas que tanto necesitamos para rebelarnos contra la injusticia de tanta violencia machista.
Amenábar ha sido desde luego audaz haciendo esta película, os la recomiendo a todos y todas para comentarla luego en clase. Vuelve a tener razón nuestro Virgilio: Audentes fortuna iuvat.





